EL ORIGEN DEL CHARANGO  

Sin lugar a dudas que uno de los estudios  m? serios realizados en torno a la organolog? del  charango, lo hizo el celebrado investigador argentino  Carlos Vega, en una de sus obras m? importantes dedicadas al estudio del folklore musical de nuestra regi?, ?LOS INSTRUMENTOS  MUSICALES ABORIGENES Y CRIOLLOS DE LA  ARGENTINA? (1946). Con un ensayo sobre las clasificaciones universales y un panorama de los instrumentos musicales americanos.
               He cre?o necesario para los fan?icos del instrumento musical que tanto amo, poner a su disposici? este extracto de un documento tan importante, tan valioso y poco difundido en el web.

                                                                                                              H?tor Soto

 

 

EL CHARANGO:     ETIMOLOGIA    CLASIFICACION    DISPERSI?     CONSTRUCCION     AFINACION      EJECUCI?    OCASION      MUSICA

   

 

EL CHARANGO ETIMOLOGIA  : 



     El Charango es una guitarrilla criolla especialmente difundida en Bolivia y en el Per?
Charango no es voz ind?ena.  Los fil?ogos tendr? menudo entretenimiento, sin duda, con sus muchas -al parecer- variantes: charanga, banda militar; charanguero, tosco, r?tico; changarra (por met?esis), cencerro; el guatemalismo charranga, guitarra, y changango, tambi? guitarra, en la regi? del Plata hace un siglo.  En fin, el cubanismo charango significa cosa peque?. ?Y chango, muchacho, del noroeste argentino?  Ah?queda eso; y vamos a lo nuestro.

 

 

 DISPERSI?. ?

En la Rep?lica Argentina s?o se encuentra en el extremo del noroeste, y en circunstancias que no permiten atribuirle gran antig?dad local.  Consta documentalmente su presencia en Jujuy a fines del siglo pasado.  El doctor Luis Brackebusch, cuenta que pas?una mala noche de 1882, en Pampicorral, a causa de los gritos y la m?ica "de la caja primitiva de la bandurria (especie de guitarra chica hecha de la c?cara de un quirquincho)?'.  Yo he hallado el Charango en Jujuy casi siempre en manos de los bolivianos.

En el Altiplano es m? viejo.  Algunos viajeros lo vieron a mediados del siglo pasado.  La menci? m? antigua que conozco se encuentra en la respuesta que a un cuestionario real di? en 1814, cierto can?igo residente en Tupiza, Bolivia.  Jos?Torre ReveHo me envi?del Archivo de Indias copia de ese documento, y en ? leo que los indios... "usan con igual afici? de guitarrillos, que por ac?llaman charangos, pero -agrega el can?igo- los instrumentos de cuerda no son los primitivos, sino los de viento" ...

As?es.  En Per?y Bolivia, el uso del Charango me pareci?menos com? entre los ind?enas que entre los m?icos criollos de las poblaciones menores.
Este instrumento viene, con seguridad, del siglo anterior, del XVIII.  No es inveros?il aquella tradici? peruana, corriente desde 1782, en que Ricardo Palma, su redactor moderno, asegura que los huamanquinos... "han sido y son los m? furiosos charanguistas del Per?  No hay uno -a?de- que no sepa hacer sonar las cuerdas de ese instrumento llamado charanga...' Bueno; si no todos, muchos habr?.

Insisto en que la vieja Argentina desconoce el Charango.  No lo mencionan los documentos antiguos; no lo representa la iconograf?; apenas alg? tradicionalista dice que lo usaban los carreteros que bajaban de Tucum? a Buenos Aires, ya en tiempos de la Rep?lica.  Hoy se encuentra en Jujuy y zonas inmediatas, pero casi siempre en poder de los emigrantes bolivianos, como he dicho.

 

CLASIFICACI?. ?



El Charango es un cord?ono, instrumento en que las cuerdas comunican su vibraci? al aire.  El ?ico cord?ono criollo, si no consideramos, como es natural, la guitarra espa?la, el arpa, las bandurrias, los mandolines, etc., de factura ciudadana, y el viol? europeo, de fabricaci? r?tica.  Ind?ena, ?ico tambi?, seria el arco musical de la Patagonia y del Chaco.  En otras regiones parece que no es precolombino.

Recibe tambi? el nombre de "Charrango" en Chile (Temuco y zonas vecinas) un curioso palo musical ind?ena y criollo.  Lo he visto s?o una vez, y no durante la ejecuci?, en una ruca o rancho araucano.  No tengo los datos necesarios para dedicarle el correspondiente cap?ulo.  Consiste en un par de "cuerdas" de alambre que se fijan por los extremos con clavos a uno de los palos verticales que soportan el techo de la ruca, Dos botellas, una arriba y otra abajo, colocados entre el palo y las cuerdas, desempe?n las funciones de "puente" estiran las cuerdas y las separan del palo.  Las cuerdas se hacen vibrar por raspadura de un par de aros unidos y entorchados con alambre, en que el ejecutante introduce la mano.  No hay afinaci?.  La superficie irregular del entorchado raspa todas las cuerdas a un tiempo y el sentido del ruido que produce es ritmico.  Don Miguel Anabal? Mora, fil?ogo chileno que ha vivido mucho tiempo entre los araucanos, me informa que el "charrango" suele tener una, dos o tres cuerdas; que los criollos chilenos acompa?n con ? las melod?s de las arm?icas de boca o las de una peque? flauta travesera de cicuta que tiene de 3 a 5 agujeros, y que los araucanos lo emplean tambi? para acompa?r los sonidos de la Trutruca, pero que, en este caso, el "charrango" es port?il, es decir, que las cuerdas no se clavan en el palo de la ruca, que est?fijo al suelo, sino en una tabla.  No puedo decir nada m?, por ahora.  Da otros datos Carlos Isamitt.

Dentro de la gran categor? de los cord?onos, el Charango a que nos referimos en este cap?ulo pertenece, no al grupo de los simples (cajas sin mango o portacuerdas, con resonador separable), sino al de los compuestos, en que el portacuerdas y la caja no se pueden separar sin destruir el instrumento.  Dentro del grupo de los cord?onos compuestos, el Charango se incorpora a la numerosa familia de los la?es (en que el plano de las cuerdas corre paralelo a la tapa), y en nueva subdivisi?, figura entre los la?es con mango, mango a?dido como cuello al cuerpo resonador, y aun busca su propia especie con los instrumentos en que la caja tiene forma de "c?cara", como el mandol?, la tiorba, la balalaika, etc.  El fondo de la caja es, en realidad, la ?ica caracter?tica del Charango, lo que le da fisonom? criolla.
Para Schaeffner, se tratarla de un instrumento a base de cuerpos s?idos vibrantes, suceptibles de tensi?, no de membranas, sino de cuerdas.
Bien mirado, el Charango representa una antigua especie europea situada entre la Guitarra y el Mando lin modernos.  Estos dos instrumentos europeos, si dejamos de lado las dimensiones, se diferencian especialmente en la forma de la caja de resonancia y en alg? detalle secundario.  El Charango se acerca al Mandolin por las cuerdas dobles, el abovedamiento de la caja y el tama?, y a la
Guitarra, por el clavijero, por la tapa en forma de "8" y la consecuente entalladura del cuerpo resonador, y por la sujeci? de las cuerdas a un puente encolado sobre la tapa. (Algunos Charangos, finos, sin embargo, adoptan cordales semejantes a los del mandolin).  En l?eas generales, la construcci? del Charango sigue la evoluci? de las formas guitarrescas.  Se entiende que no habiendo sido la Guitarra del siglo XVII como la actual, tampoco pudo serlo el Charango.  Los instrumentos de material perecedero se alejan constantemente, en detalles, al menos, de la concepci? primitiva.
 

 

 

 CONSTRUCCI?. ?

 



Excepto el caparaz?, nuestro Charango es, como forma, una verdadera guitarra espa?la de tama? reducido.  Clavijero, clavijas, mango o brazo, cejuela, trastes, puente, tapa, boca o tarraja, etc., son absolutamente como sus sin?imos de la Guitarra.  Faltan, apenas, el posa-cuerdas anexo al puente, y, en los m? r?ticos, el sobre, punto o lista de madera dura en que se afirman las divisiones met?icas de los trastes.  La boca es, generalmente, redonda; a veces se la reemplaza por dos aberturas semejantes a las "efes" del viol?, pero m? cortas y anchas.  Con esto queda dicho que el Charango se construye como la Guitarra, si se except? lo que ata? a la caja de resonancia.  En esto, precisamente, estriba la caracter?tica de este instrumento.

La caja del Charango se hace con un caparaz? de armadillo.  El constructor aplica el caparaz? a un molde de madera cuyo lomo sigue el movimiento curvo de la futura caja (el movimiento curvo longitudinal, el que va del mango a la base), y para obtener las curvas de la cintura, cifie la parte central con un piol?.  Seco el caparaz? en el molde, r?ido el borde en forma de ocho, se aplica y pega con cola espesa a la tapa arm?ica.  La tapa tiene, en el interior, una costilla ?ica que refuerza la cintura, de lado a lado, a la altura del borde inferior de la boca, o a medio, o a un cent?etro m? abajo.  La c?cara de la cabeza del armadillo se pega sobre el taco o ensanche con que la parte posterior del mango se afirma a la caja.

A primera vista, parecer? que la adopci? de la c?cara del tat? tiende a simplificar la complicada construcci? de los aros laterales de la caja guitarresca.  Si los constructores obedecen tradicionalmente a los mismos principios de l?ica, se opone a tal idea este hecho curios?imo: imitan con madera la forma del caparaz?, y se toman con eso mucho m? trabajo que con la directa construcci? de la forma guitarra. .  M? sencillas, aunque tambi? laboriosas, son las cajas hechas con una sola pieza de madera, bien delineado el lomo, con su talle, bien excavado el hueco resonador.  En estos casos, tambi? el mango se talla en la pieza ?ica.

Todas las partes, en fin, todas las minucias de construcci? del Charango, excepto el fondo de la caja, son europeas.  Y en cuanto al caparaz? , si bien desconocemos inmediatos antecedentes espa?les, todos saben que el empleo de c?caras diversas, vegetales o animales, fu?recurso bien conocido en la antig?dad y lo es todav? entre muchos pueblos.

El largo de un Charango com? es de unos cincuenta centimetros o poco m? (mango y caja).  El mango, hasta el comienzo de la tapa, tiene unos 30-34 cent?etros; la caja, en cambio, varia mucho.  A un mango del largo antedicho, los constructores le aplican cajas que tienen, las mayores, hasta veinte centimetros, y las menores, unos quince.  Hay, en general, una notable desproporci? entre el tama? de la caja y el del mango, y esta desproporci? se acent? en el caso de las cajas m? peque?s.

La tapa sigue el movimiento en ocho propio de la guitarra moderna, esto es, la parte superior m? angosta que la inferior.  Algunos ejemplares tienen una cuerda para suspender el instrumento al cuello
El Charango tiene, generalmente, cinco ?denes 1) de cuerdas, y los ?denes son dobles.  Excepcionalmente, el orden de las primas es triple.  En este caso, la und?ima clavija se coloca entre las dos hileras.  Las cuerdas antiguas eran de tripa; modernamente, suelen emplearse las de, metal.
La construcci? del Charango se conf?, principalmente, a los luthiers profesionales de los centros m? poblados, pero no es muy raro el caso del m?ico campesino que los hace, muy r?ticos, para su propio regalo.
 

 

 

CONSTRUCCI?. ?

 



Excepto el caparaz?, nuestro Charango es, como forma, una verdadera guitarra espa?la de tama? reducido.  Clavijero, clavijas, mango o brazo, cejuela, trastes, puente, tapa, boca o tarraja, etc., son absolutamente como sus sin?imos de la Guitarra.  Faltan, apenas, el posa-cuerdas anexo al puente, y, en los m? r?ticos, el sobre, punto o lista de madera dura en que se afirman las divisiones met?icas de los trastes.  La boca es, generalmente, redonda; a veces se la reemplaza por dos aberturas semejantes a las "efes" del viol?, pero m? cortas y anchas.  Con esto queda dicho que el Charango se construye como la Guitarra, si se except? lo que ata? a la caja de resonancia.  En esto, precisamente, estriba la caracter?tica de este instrumento.

La caja del Charango se hace con un caparaz? de armadillo.  El constructor aplica el caparaz? a un molde de madera cuyo lomo sigue el movimiento curvo de la futura caja (el movimiento curvo longitudinal, el que va del mango a la base), y para obtener las curvas de la cintura, cifie la parte central con un piol?.  Seco el caparaz? en el molde, r?ido el borde en forma de ocho, se aplica y pega con cola espesa a la tapa arm?ica.  La tapa tiene, en el interior, una costilla ?ica que refuerza la cintura, de lado a lado, a la altura del borde inferior de la boca, o a medio, o a un cent?etro m? abajo.  La c?cara de la cabeza del armadillo se pega sobre el taco o ensanche con que la parte posterior del mango se afirma a la caja.

A primera vista, parecer? que la adopci? de la c?cara del tat?tiende a simplificar la complicada construcci? de los aros laterales de la caja guitarresca.  Si los constructores obedecen tradicionalmente a los mismos principios de l?ica, se opone a tal idea este hecho curios?imo: imitan con madera la forma del caparaz?, y se toman con eso mucho m? trabajo que con la directa construcci? de la forma guitarra. .  M? sencillas, aunque tambi? laboriosas, son las cajas hechas con una sola pieza de madera, bien delineado el lomo, con su talle, bien excavado el hueco resonador.  En estos casos, tambi? el mango se talla en la pieza ?ica.

Todas las partes, en fin, todas las minucias de construcci? del Charango, excepto el fondo de la caja, son europeas.  Y en cuanto al caparaz? , si bien desconocemos inmediatos antecedentes espa?les, todos saben que el empleo de c?caras diversas, vegetales o animales, fu?recurso bien conocido en la antig?dad y lo es todav? entre muchos pueblos.

El largo de un Charango com? es de unos cincuenta centimetros o poco m? (mango y caja).  El mango, hasta el comienzo de la tapa, tiene unos 30-34 cent?etros; la caja, en cambio, varia mucho.  A un mango del largo antedicho, los constructores le aplican cajas que tienen, las mayores, hasta veinte centimetros, y las menores, unos quince.  Hay, en general, una notable desproporci? entre el tama? de la caja y el del mango, y esta desproporci? se acent? en el caso de las cajas m? peque?s.

La tapa sigue el movimiento en ocho propio de la guitarra moderna, esto es, la parte superior m? angosta que la inferior.  Algunos ejemplares tienen una cuerda para suspender el instrumento al cuello
El Charango tiene, generalmente, cinco ?denes 1) de cuerdas, y los ?denes son dobles.  Excepcionalmente, el orden de las primas es triple.  En este caso, la und?ima clavija se coloca entre las dos hileras.  Las cuerdas antiguas eran de tripa; modernamente, suelen emplearse las de, metal.
La construcci? del Charango se conf?, principalmente, a los luthiers profesionales de los centros m? poblados, pero no es muy raro el caso del m?ico campesino que los hace, muy r?ticos, para su propio regalo.

 

AFINACI?. ?


La caracter?tica m? original del Charango es su afinaci?.  Si tomamos el ejemplar com? de cinco pares de cuerdas, podemos observar la siguiente afinaci?.

                                                            Sol   Do  Mi  La   Mi

Dos detalles nos resultan extra?s: primero, los ?denes, punteados al aire, no siguen una marcha cualquiera del grave agudo, como en todos los modernos instrumentos de cuerda; segundo, en el tercer orden, las cuerdas no est? afinadas a la misma altura, sino a la octava.

(La prima se acuerda con la prima de la guitarra, mi ).

La marcha ascendente irregular es, en efecto, rara en nuestros d?s; pero, sin duda alguna, se conocieron en Europa, hacia 1600, especies de guitarra con tal anomal?.  El Padre Mar? Mersenne, que public? en 1636 su Harmonie universelle, nos da noticia de un tipo de guitarra de cinco ?denes dobles, como el Charango, acordados as? (seg? vemos en modernas reproducciones del original franc?):

                                                              Sol  Do  Mi  La  Re


Como puede observarse, el movimiento general de la afinaci? de esa antigua Guitarra europea y el de nuestro Charango son iguales: del quinto al cuarto orden, ascenso; el tercero toma una nota m? grave, y hay despu? nuevo ascenso hasta el orden de las primas. 

1) No es lo mismo decir cinco ?denes que cinco cuerdas.  Cinco ?denes equivale a cinco clases de cuerdas distintas, pues cada orden puede tener una cuerda (orden sencillo), dos cuerdas (orden doble) y hasta tres (orden triple). intervalos, s?o difieren aquellos en que participan las terceras y las primas.
Es interesante notar que los ?denes del Charango, al aire, dan una escala pentat?ica defectiva, esto es, con un grado menos.  Quienes en seguida pretendan relacionar esta afinaci? con la pentat?ica del Per?aborigen, padecer? contrariedad al saber que aquella Guitarra europea antigua tambi? da una escala pentat?ica, y sin defecto alguno:

Guitarra europea              Charango
Fa  Sol  La  Do  Re            Mi  Sol  La  Do Mi


        La nota blanca entre par?tesis representa el sonido que le falta a esa afinaci? para completar la escala pentat?ica, y los n?eros son los de los ?denes, del agudo al grave.  La guitarra europea antigua produce el modo pentat?ico B; el Charango produce el modo pentat?ico D. Como curiosidad a?do que el modo B es el m? usado en Per?y Bolivia, y el D -precisamente el del Charango- es el m? raro.


Seguramente, estas afinaciones no tienen nada que ver con la pentaton?, aunque el instrumento pueda servir a la m?ica pentat?ica, como ocurre hoy en el Altiplano, cuyo mango permite el acortamiento del largo vibrante de la cuerda, nunca reproduce la escala, pues cada cuerda debe dar dos, tres o cuatro grados diat?icos de la serie.  Mucho m? veros?il es que el fino calibr? (di?etro, grosor) de las cuerdas no permita una afinaci? demasiado grave, y as!, las cuartas y quintas se estirar?n hasta la octava aguda.  Si llevamos al registro grave los dos ?timos ?denes de esa Guitarra europea antigua, tendremos una afinaci? - t?ica por cuartas y terceras y, algo m? sugestivo, el mismo temple cl?ico de la Guitarra espa?la de cinco ?denes (sin sexta - la - re - sol - si - mi).  Y si hacemos id?tica operaci? con los dos ?timos ?denes del Charango, daremos otra vez con una afinaci? com? de cuartas y terceras con la sola excepci? del saldo de quinta entre segunda y prima que, entre par?tesis, no es consecuencia del cambio de octava que propongo.  Por otra parte, el salto de quinta se encuentra en el temple de muchos instrumentos, como el mandol?, del cual ,pudo haberlo tomado el Charango.  Es importante notar que las antiguas cuerdas de este instrumento, hechas de tripa, ten?n, como se ve hasta hoy, el mismo calibre, y que, en consecuencia, habr? sido imposible afinar los dos ?timos pares una octava m? abajo.  Seg? esto, la afinaci? que origina el orden pentat?ico puede explicarse por una simple cuesti? de material, tanto en la guitarrilla europea como en la criolla.


Los constructores de las ciudades m? importantes, productores de Charangos finos, arman el encordado con materiales de otros instrumentos.  Recurren, generalmente, para la prima, a la prima de la bandurria; para la segunda, a la segunda del mandol?; para la tercera (grave), a la tercera de este mismo instrumento; para la tercera (aguda), a la prima de la bandurria; para la cuarta, a la prima del mandol?, y para la quinta, a la prima (de acero) de la guitarra.  Ahora que tienen a su disposici? cuerdas comerciales de todos los calibres, siguen respetando la afinaci? tradicional.  Los Charangos comunes y los r?ticos conservan las antiguas cuerdas de tripa, todas del mismo grosor.
Si la afinaci? del Charango, en fin, no procede directamente de alguna especie de guitarra europea desaparecida semejante a la que nos describi?Mersenne, ser?una reincidencia criolla en la misma soluci? que en cualquier parte puede imponerse al ejecutante por la imposibilidad de afinar las ?timas cuerdas en la octava grave.  En realidad, no parece cosa tan dif?il obtener cuerdas gruesas; pero es el caso, cien veces comprobado, que una vez establecidos una forma, una t?nica, un procedimiento, etc., subsiguen arraigo y perduraci? sin modificaciones, aun desaparecidas las circunstancias genitoras.  Que lo diga la imitaci? en madera del caparaz?, m? trabajosa que cualquier caja arm?ica.
 

 

AFINACI?. ?


La caracter?tica m? original del Charango es su afinaci?.  Si tomamos el ejemplar com? de cinco pares de cuerdas, podemos observar la siguiente afinaci?.

                                                            Sol   Do  Mi  La   Mi

Dos detalles nos resultan extra?s: primero, los ?denes, punteados al aire, no siguen una marcha cualquiera del grave agudo, como en todos los modernos instrumentos de cuerda; segundo, en el tercer orden, las cuerdas no est? afinadas a la misma altura, sino a la octava.

(La prima se acuerda con la prima de la guitarra, mi ).

La marcha ascendente irregular es, en efecto, rara en nuestros d?s; pero, sin duda alguna, se conocieron en Europa, hacia 1600, especies de guitarra con tal anomal?.  El Padre Mar? Mersenne, que public?en 1636 su Harmonie universelle, nos da noticia de un tipo de guitarra de cinco ?denes dobles, como el Charango, acordados as?(seg? vemos en modernas reproducciones del original franc?):

                                                              Sol  Do  Mi  La  Re


Como puede observarse, el movimiento general de la afinaci? de esa antigua Guitarra europea y el de nuestro Charango son iguales: del quinto al cuarto orden, ascenso; el tercero toma una nota m? grave, y hay despu? nuevo ascenso hasta el orden de las primas. 

1) No es lo mismo decir cinco ?denes que cinco cuerdas.  Cinco ?denes equivale a cinco clases de cuerdas distintas, pues cada orden puede tener una cuerda (orden sencillo), dos cuerdas (orden doble) y hasta tres (orden triple). intervalos, s?o difieren aquellos en que participan las terceras y las primas.
Es interesante notar que los ?denes del Charango, al aire, dan una escala pentat?ica defectiva, esto es, con un grado menos.  Quienes en seguida pretendan relacionar esta afinaci? con la pentat?ica del Per?aborigen, padecer? contrariedad al saber que aquella Guitarra europea antigua tambi? da una escala pentat?ica, y sin defecto alguno:

Guitarra europea              Charango
Fa  Sol  La  Do  Re            Mi  Sol  La  Do Mi


        La nota blanca entre par?tesis representa el sonido que le falta a esa afinaci? para completar la escala pentat?ica, y los n?eros son los de los ?denes, del agudo al grave.  La guitarra europea antigua produce el modo pentat?ico B; el Charango produce el modo pentat?ico D. Como curiosidad a?do que el modo B es el m? usado en Per?y Bolivia, y el D -precisamente el del Charango- es el m? raro.


Seguramente, estas afinaciones no tienen nada que ver con la pentaton?, aunque el instrumento pueda servir a la m?ica pentat?ica, como ocurre hoy en el Altiplano, cuyo mango permite el acortamiento del largo vibrante de la cuerda, nunca reproduce la escala, pues cada cuerda debe dar dos, tres o cuatro grados diat?icos de la serie.  Mucho m? veros?il es que el fino calibr? (di?etro, grosor) de las cuerdas no permita una afinaci? demasiado grave, y as!, las cuartas y quintas se estirar?n hasta la octava aguda.  Si llevamos al registro grave los dos ?timos ?denes de esa Guitarra europea antigua, tendremos una afinaci? - t?ica por cuartas y terceras y, algo m? sugestivo, el mismo temple cl?ico de la Guitarra espa?la de cinco ?denes (sin sexta - la - re - sol - si - mi).  Y si hacemos id?tica operaci? con los dos ?timos ?denes del Charango, daremos otra vez con una afinaci? com? de cuartas y terceras con la sola excepci? del saldo de quinta entre segunda y prima que, entre par?tesis, no es consecuencia del cambio de octava que propongo.  Por otra parte, el salto de quinta se encuentra en el temple de muchos instrumentos, como el mandol?, del cual ,pudo haberlo tomado el Charango.  Es importante notar que las antiguas cuerdas de este instrumento, hechas de tripa, ten?n, como se ve hasta hoy, el mismo calibre, y que, en consecuencia, habr? sido imposible afinar los dos ?timos pares una octava m? ab
ajo.  Seg? esto, la afinaci? que origina el orden pentat?ico puede explicarse por una simple cuesti? de material, tanto en la guitarrilla europea como en la criolla.


Los constructores de las ciudades m? importantes, productores de Charangos finos, arman el encordado con materiales de otros instrumentos.  Recurren, generalmente, para la prima, a la prima de la bandurria; para la segunda, a la segunda del mandol?; para la tercera (grave), a la tercera de este mismo instrumento; para la tercera (aguda), a la prima de la bandurria; para la cuarta, a la prima del mandol?, y para la quinta, a la prima (de acero) de la guitarra.  Ahora que tienen a su disposici? cuerdas comerciales de todos los calibres, siguen respetando la afinaci? tradicional.  Los Charangos comunes y los r?ticos conservan las antiguas cuerdas de tripa, todas del mismo grosor.
Si la afinaci? del Charango, en fin, no procede directamente de alguna especie de guitarra europea desaparecida semejante a la que nos describi?Mersenne, ser?una reincidencia criolla en la misma soluci? que en cualquier parte puede imponerse al ejecutante por la imposibilidad de afinar las ?timas cuerdas en la octava grave.  En realidad, no parece cosa tan dif?il obtener cuerdas gruesas; pero es el caso, cien veces comprobado, que una vez establecidos una forma, una t?nica, un procedimiento, etc., subsiguen arraigo y perduraci? sin modificaciones, aun desaparecidas las circunstancias genitoras.  Que lo diga la imitaci? en madera del caparaz?, m? trabajosa que cualquier caja arm?ica.
 

 

EJECUCI?. ?


El ejecutante coloca el instrumento sobre el pecho, prieto bajo el antebrazo derecho.  El cord? pasa por el hombro, y la, mano izquierda, en el mango, colabora en la suspensi?.

 

0, mejor, sentado, el hombre, pone la parte inferior de la caja en la juntura de las piernas.

Creo que, antiguamente, el rasgueo era la ?ica t?nica de pulsaci? para el Charango; ahora no es raro el punteo.  Es decir que, de instrumento exclusivamente acompa?nte, ha llegado a ser, adem?, mel?ico, y en manos muy h?iles, mel?ico - arm?ico.
 

OCASI?. ?


Solo o en conjuntos, el Charango se emplea sin limitaci? temporal.

M?ICA. ?


El Charango alcanza su mayor eficacia mediante el rasgueo y como acompa?nte "ac?dico".  Fijo el antebrazo que aprieta la caja, su?-C?? r???, rilu?ese la: mano, y un solo dedo, el indice, desciende hasta rozar blandamente las cuerdas en cruz, es decir, de arriba abajo y a la inversa, a la altura del borde superior de la boca o poco m? arriba, cerca de la linea en que nace el mango.  Pueden intervenir m?. dedos en el roce.
       Ni rara ni frecuente, la t?nica del punteo se aplica al Charango en la producci? de melodias.  Creo que esta gracia del instrumento no es antigua; ni es tampoco, en i7?i??ea pica.  Adem? de la l?ea suele producir alguna nota consonante, y aun acordes con que el m?ico refuerza el canto
Corrientemente, sobre todo si se trata de danzas, el instrumentista llena los silencios de fin de frase con los rasgueos o arpegios del acompa?n?nto correspondiente.

Pocas f?mulas r?micas sirven para el acompa?miento de todos los bailes. Ejemplos:

              

 


 

 

Este art?ulo fue extractado por el charanguista chileno H?tor Soto, de la obra del maestro argentino Carlos Vega ?Los instrumentos musicales aborigenes y criollos de Argentina? escrito en 1946, por lo cual constituye un testimonio irreemplazable, para quienes investigan la organolog? americana y especialmente la del charango. Si quieres m? informaciones escr?eme

                                                                                                       
hectorsoto@charango.cl

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